Y
salen
sonrientes
de la muerte
y con un pelotón por
fondo, ordenan, pregonan a los gritos:
hay que etiquetar. Hay que tener
(así como D.de N. y U.) un norte y un sur,
el norte no puede ser el sur, unos, arriba, yo + vos
= nosotros = abajo, como la ley del padre Gramajo.
Realizo un esfuerzo heroico por ir olvidándolas
ya que se llevan mi aire, la luz (detesto la oscuridad)
las cosas queridas. Entonces grito fuerte y lastimero:
que venga un viento cargado de algodón chaqueño,
de ésos que queman los dientes, derriban los consabidos
muros y se lleve todas, todas y cada una de las
e
ti
que
tas
pesadas
como párpados.
¡Ojos de cielo, no me abandones!
Hoy necesito aquella promesa:
"He aquí que hago nuevas todas las cosas".
O. K.
