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sábado, 12 de abril de 2014

Exilio

Ay mamita! ya estás conmigo otra vez, no necesitás anunciarte desde que fui echada a la vida..El  olor del marzo que se acaba y del otoño impostergable avanzando con la tenue llovizna y las hojas amarillentas de tilo azulverdoso llegan hasta la mesa silenciosa de la cocina. Y sí, cuando me colocan alrededor de la muñeca la cinta de papel impresa con mis datos personales en Internación, me siento cautiva, herida carne de cañón, zarandas que nos dan y ojalá hoy las niñas jueguen con muñecas y el cariñoso, venga, acompáñeme. Ajustan las cadenas errantes,  me tomo del brazo de la mujer ya conocida , después de tantos meses, cosida a pedazos a mi cuerpo y el temblor se disimula y hablamos de cómo está el tiempo afuera y de la desgracia de la pobre Nazarena.Y subimos o bajamos?, fragmentos desviados de mí.

Mano lacerante de mis venas,
golpeabas helada mis flacos brazos.
Doliente suplicaba
¡oh venas, resistid!
Habían exiliado al fuego.
Solo pavor y oscuridad.




martes, 8 de abril de 2014

Señor de los cielos exactos

A Daniel Rolla
Señor de los cielos exactos, hacías unos pequeños soles o vulnerables gotitas de agua verdosas o prosaicas nubes espumosas en tu ángulo preferido del pizarrón histórico de la clase juvenil. Autoaprendizaje, autogestión asistida, supervivencia fríamente programada para que ningún alumno que estudiara llevara a los agobiantes turnos de las incontables mesas examinadoras las materias desaprobadas.
De ojos zarcos como el niño cautivo del Martín Fierro, el de las tolderías, mirabas a cada estudiante con el corazón, mientras con los dedos blancos de tiza te quitabas el pelo indócil de tu frente. Corregías sin descanso y no porque te creyeras el mejor, orientabas exhortando a cada quien. De andar cansino, gestos medidos, voz queda, mochila negra al hombro, y manzana verde pequeña terminada en un recreo escolar fatigabas las aulas del instituto.
Levantabas un ranchito con la piedra que otros desechaban.
Te convocamos a que salgas a la luz...
a que desembarques otra vez
 en las aulas verdes.

Palmas funerarias

La mujer llegó con palmas funerarias mecidas en sus brazos, "es para el domingo", mumuró entregando el ramo verde, lustroso y joven a la otra de negro toda con las juguetonas llaves en su mano siniestra. "Cómo relucen recién nacidas", comenta la más anciana , débil por tanta años de fatiga. Entraron a la inundada capilla los seis cuerpos murientes. La madera gastada de los bancos se duplicaba en los charcos de agua todavía limpia. Rodearon el sol del altar y en la amarilla custodia,  la mujer oscura clavó al Señor del madero, junto a la palabra de todas las palabras. En el aire había hambre de Dios. Verde, azul, rosado lucen las palmas, detrás, en la oscuridad aguardan.

domingo, 30 de marzo de 2014

Tarea inútil

Cuando intento recuperar la imagen total, ésa la de todos los días de la escuela amada, cuando quiero unir, integrar los fragmentos de los saludos tropicales, las conmemoraciones de los homínidos, los alumnitos y los mayores, las estrellas viejas, los robots, la conciencia colectiva de ciertos momentos mágicos, los mediodías calurosos ya desde la formación de bienvenida, los colmillos pidiendo sangre, de las caras cambiadas y mudas, de algunas palabras ya domesticadas sin piedad,de los vestidos ocultos debajo del uniforme reglamentario o el chicle pertinaz, los fósiles indefectiblemente con la misma planificación todos los años del Señor, de los bellos ojos sin responsabilidad alguna, de los sobrevivientes que combatían en lugar de unirse a sus próximos, de los paraísos sin perspectiva, de infinitas piezas cósmicas,  desisto por cansancio, me gana la imposibilidad de contemplar  este universo lleno de hoyos negros y de hoyos blancos. Coincido, ahora recién lo descubro, con el físico David Bohon, que es pretender ensamblar los trozos de un espejo roto y esperar hallar un reflejo fiel. Pero como soy tozuda, no me acostumbro y persigo infatigablemente esa bandada esquiva que mi memoria no logra atrapar o quizás porque después de tanto tiempo de no conformarme con lo que parece no me resigno a renunciar a esta bandera de un solo corazón, también.

Postales

Ella viene a tejer mis tardes solitarias y lo llena todo con su desgarbada figura de adolescente, estrella suave, de voz casi blanca que comenta sin filtro cada hora de clase y habemus cada colega!, y tantos chicos por aburrir y tanto corazón por subastar. Tiembla un poco cuando algo le duele hasta las vísceras, se sonrojan sus altiplanas mejillas y el gesto de sus manos parece decir que se levanten hasta los muertos, que se vayan todos,  afuera, afuera, y en esta tarde de lluvia sobre palo verde porque todavía es verano, recupero mi pretérita adolescencia y el goce inefable de dormir la siesta del primer viernes de clases.
Ayer, después de la merienda, apareció mi compañero y con un esfuerzo descomunal intentaba barrer las palabras redondas y cálidas desparramadas por el piso de la cocina, de ésas que no pueden vivir aisladas...ni escoba nueva que barra.

sábado, 22 de marzo de 2014

Casa mojada

La casa entera llovía, de las baldosas líquidas el secador no descansaba, no hallábamos forma, mi compañero y yo, de parar el agua. Adentro de los cuartos invadidos luchábamos pecho a pecho con- contra la intrusa, no podíamos estar juntas, afuera sí, hasta es para mí fuente de fecundidad y entrega. Como diría el maestro Saer, son diferentes contingencias.Ella espejaba las luces vacías, parecían de vidrio. Qué árido se me hace el día, reboto en el desierto plano...


martes, 4 de marzo de 2014

Un primer día de clases de cien años


En el patio descubierto formábamos, de a dos baldosas, casi en penumbras, entre compañeras, todas casi niñas estrenábamos nuestro primer día de colegio, con mis tripitas acalambradas, de tanto tragar saliva, con el viaje en un colectivo fantasmagórico y lleno de polvo y el beso de mamá que me había acompañado a cruzar la ruta 8.
Sin cansancio, dispuesta a conquistar otra ciudad. Así esta escuela da a otra escuela. Nada terminó, solo fluyó hasta hoy, el siglo no desemboca en parte alguna. De los laberintos se sale por arriba, me digo con Marechal, perdida me hallo en estos caminos embrollados. Quizás necesite un mirador luminoso para moler esta piedra y así disolver estas ruinas .Necesito un mar de infinitos confines.
El pecho transido en cada abrazo buscado, sin tiempo ni final...con la pollera gris de sarga tableada, 15 cm. debajo de la rodilla medida con regla, blazer al tono igual que la boina que vivía doblada en el bolsillo, medias de muselina (recién descubiertas por mí), zapatos negros acordonados, camisa blanca, con moñito sin penas azul. Todo comprado en Gatichaves, menos los zapatos y las medias.
Un 28 de febrero de 2014, el día se inundó con el recuerdo transparente de las Hermanas de la Compasión de María de San Miguel. En su colegio mi hermana y yo hicimos, parte de la primaria y secundaria, ella, secundaria, yo. Fuimos segunda promoción de Maestras Normales Nacionales.

lunes, 6 de enero de 2014

Desarmar el arbolito

Me da tristeza desarmar el arbolito, tengo que armarme de mucho coraje para podar ejecutar dicha operación. No puedo dejar de pensar en todos los manojitos de imposibles de quienes me rodean y me son conocidos...y de todo lo que traerán las aguas nuevas que empezamos a navegar. Y sí tengo miedo...
¡Ay amor cuánta zozobra me traés!... hace quince años que lo hago y no puedo sobreponerme a esta sensación de lo que todavía no pasa, de lo que no atraviesa, de lo que aún no llega. Elijo los moñitos rojos ribeteados de dorado intenso, luego las pelotitas verdes, rojas y amarillas, hay tantas cosas por soñar, mientras siento que no dejo de rodar, con sumo cuidado saco las luces que no se marchitan y mi amor tirita cuando retirando la estrella de Belén dejo el árbol desnudo de toda desnudez, vacío de todo sentido, hasta la Navidad próxima. Allí volveré a ver tu rostro todo ,en la oscuridad de la alacena esperarás mi abrazo encendido y estrecho... Dejarás de ser un mendigo desbaratado de alambre y plástico, para acompañar al
Amor que nos ha sido regalado. Así el sol de la fraternidad acompañará tanta humana precariedad. Así dispuesta para ser alistada contando con una fortaleza que no me pertenece arranco, sin que nadie me moleste... Digo muchas gracias y avanzo con los legionarios, hay que cambiar los tristes decorados y vestir todas las cosas color de primero de año. Y que la sangre corra y corra y siga corriendo este tiempo de ahora y del por venir.

martes, 31 de diciembre de 2013

La mesa del comedor - Familias rotas

A veces llegaban al mediodía, llenos de calor y de sol, caían los tres, la madre flaca con su ropa ajustada, pidiendo remedios a la inexistente encargada de la Farmacia, con sus cabellos resecos teñidos de rubio, y su clásico olor a tabaco. Un varón silencioso ya casi dejando la mágica niñez, dura y desamparada para él, parecía el soldado de la desafiliación. Pero quien se llevaba las palmas de la delgadez era la niña. Alta, extremadamente huesuda, con unos dientes de caballo notables y grandes, parada al lado de su plato negándose a comer a pesar de todos los ruegos habidos y por haber... implacable se mantenía firme en su decisión hasta que llegaba su voluntaria amada, se abrazaba a ella, sonreía feliz y satisfecha, parecía decir: éste es mi alimento, ya no necesito nada más.

Otros mediodías, cuando los rezagados estaban dándole fin al que sería su último plato de la agónica jornada,aparecían ellos, la chiquillada adelante para que no te espantes, siempre juntos, sonriendo y gritando entre algunas palabras desocupadas de sentido para los que estábamos afuera -¿afuera?- del grupo familiar. Se sentaban a esperar que apareciera la comida, sabiendo ya muy bien que todo el mundo no come, hoy era un gran día. Detrás, gordos de toda pobreza, fatigados de toda espera de que la cosa cambie, hacían su entrada padre y madre, resoplando y directo a la jarra de agua fresca a temperatura ambiente. Los polluelos miraban igualmente a los otros, pensarían ¡qué bonito color tiene la vida en familia! Los niños iban y venían dentro de los abundantes platos, hacían y decían entre ellos. Alguna señora manifestaba su enojo porque al padre la desteñida remera corta atrás y los pantalones mal sujetados a la cintura dejaban ver parte de sus fofas nalgas que pedían enfáticamente un biombo. No les quedó otro remedio a las voluntarias que colocarse en diagonal y cuidarle las espaldas al jefe de hogar.Almuerzo memorable para los tabiques humanos. Al irse uno de los chicos oscuro de sol y de polvo, casi ya en la puerta giró su cabeza hacia atrás y miró con esas miradas que calientan  las entretelas del corazón. Esporádicamente con mucha vergüenza y pidiendo disculpas por existir, se sentaban a la mesa en silencio, la madre parecía mirar a través del vidrio de una ventana mientras comía, el muchacho  flaco y de andar inseguro se demoraba en comer, mirando fijamente el plato con la cabeza gacha y colgándole sobre el pecho medio hundido.La madre habiendo terminado no lo ayudaba, murmuraba como un rezo, es muy tímido, no hay que apurarlo. Quedó solo en el comedor y en un ambiente de fin de fiesta, un voluntario de pocas pulgas miraba con cara de pocos amigos. No quieran imaginar lo que pensaba.


lunes, 25 de noviembre de 2013

La mesa del comedor

                                                              No . sin . Ti
Repasaba al mediodía la superficie de la mesa familiar, bajé a los bordes con minuciosidad, en ese momento se me vino encima, aplastándome, la otra mesa pringosa cuyo mantel de hule, gris, manchado, con migas casi siempre o restos de comida si era después del almuerzo. Los bordes del mantel chorreados casi percudidos, me costaban vigorosas friegas con esponja y demás yerbas. Otra vez me devastaron esas mesas inmensas, desoladoras del comedor comunitario. Todas las mañanas desde las ocho me exiliaba allí, en mis hermanos menesterosos.De buen ánimo caminaba hacia el lugar del desconsuelo, a servir el desayuno, después el almuerzo, para ser nosotros sin guión intermedio.Era un lugar privilegiado, samaritana me sentía. Por  un tiempito sentíamos ese lugar como punto de encuentro saliendo cada uno de sus bordes... encontrábamos en el otro al semejante. El almuerzo era lo nuestro experimentando la sensación de que estábamos en casa.            

domingo, 10 de noviembre de 2013

El regalo

                                                                                         No sé si todo es dios.
                                                                                         No sé si algo es dios.
                                                                                         Pero toda palabra nombra a dios:
                                                                                                                            Roberto Juarroz                        


Me rondan burlones los 67 años, próximos a cumplir. Yo canté maravillas cuando estrené los 21. Durante años acaricié dulcemente ese día para salir corriendo con tanta desesperación por tanto anhelo postergado.Con amor sincero había amasado sin olvido el trabajo y la entrega por mi familia, gracias al DNU  que emitió mi papá cuando por los 15 años, con valentía le avisé que estaba enamorada de Jesús y quería servirlo en la vida religiosa. El lema en casa era obedece y serás  feliz.  Ellos no comprendieron, tampoco lo aceptaron y mi decisión quedó arrinconada hasta que fuera mayor de edad, no te vayas, nosotros te hemos amado y ahora te vas. Y la vida siguió con sus cuatro estaciones. En la sangre tibia de la espera Él plantó todas las vides, con la alegría del esfuerzo que sería recompensado. En mi casa aguardaba junto a la tristeza callada de mamá, a mis hermanos que saltaban en sus juegos infantiles y a  papá serio, dolido. Llegó el 1° de enero, me despedí de los míos y salí a toda prisa tras el novio, subí al tren y a misionar a Mendoza. Rechacé las lágrimas, atrás  hermanos, atrás padre y madre, el estómago se retorcía, tragué saliva, supliqué Jesús dime la verdad...Me puse de pie y busqué a las otras hermanas que animadamente conversaban entre ellas mientras pensaba ¿la vida va a cambiar?¿Quién me envía? El cielo y la tierra cruzados hasta hoy en el centro de mi corazón.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Cosas dichas

Anónima historia
camino sin movimiento
fragmentos de realidad
y solo el cansancio infinito
pura fatiga sin cambios ni luchas
absorbida ignorada
pulverizada o engarzada
en márgenes difusas
otra no puedo ser
y todavía estoy bajando del cerro

Contra el miedo de cambiar

Contra el miedo de cambiar,
contra el miedo de ser,
vivo en una cárcel sin rejas,
donde me enfrento contra la rutina del orden
y también con las escasas energías casi ausentes,
donde es más fácil someterse
al rigor de los que están a mi lado
que combatir contra la impotencia de una derrota anticipada.
Sueño con recuperar mi lugar
éste, el lugar de todos,
con el consuelo de develar el mensaje,
éste que todavía me es esquivo,
con el día del triunfo,
que por pequeño que sea, merecerá laureles,
laureles que no coronan la frente de los patriotas,
ni la cabeza de los poetas líricos,
ni de los dioses del Olimpo.
Pero sí sirven para multiplicar el sabor
y la creciente esperanza de la sufrida olla de los hermanos rezagados.                                





sábado, 21 de septiembre de 2013

Cuarto Mundo sin escuela

Soy del llamado Tercer Mundo, también hay un Cuarto Mundo, los bolsones de pobreza de las grandes ciudades. Somos gente de tercera, comemos menos, vemos menos, vivimos menos, también ocupamos menos espacio en los diarios, no aparecemos en la tele ni en la radio, no abarcamos                                     casi nada...
Escuchamos ilusorias promesas que ignoran nuestra realidad
y como vivimos en una cultura donde Dios es más importante que el hermano, el funeral que el muerto y el plato de comida que la persona, acá nos estamos con esta imperiosa necesidad de transformar esta realidad.

¿Y cómo ha de ser esto, sin escuela?

Nos queda resistir a pie firme,
no sacarnos la foto de frente y de perfil,
recuperar nuestro decir,
escapar a la reducción del consumo
y trabajar para dar abrigo a tantos desnudos
a la intemperie de este mundo.
Creer en lo que hacemos,
no dejar caer a los demás,
estar convencidos de que hay que andar
 y  calmar esta sed de amor
que nunca es suficiente.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Turno tarde


Los chicos llegaban a las apuradas, con la mañana puesta al hombro, un par de gritos a deshora, algún trabajito tempranero, arrastrando al hermanito que quería jugo y el estómago semivacío porque la mañana era corta para hacer lo necesario y siempre aparecía algo mejor que llegar a tiempo a la escuela. A medio desensillar daban el presente cálido y ruidoso, se demoraban en sus entretenidas conversaciones hasta que asomaba con paso cansino el profesor. Desaparecían las paredes del aula y comenzaban a trabajar, a veces bellos como el día, otras malos como el tiempo, pero siempre como buscando en la oscuridad, ¡tanta vida secreta a la que no podía llegar!...Estaba ahí, disponible, a la espera, solo para tender una mano a tanto olvido, negación y quizás desamor. Necesitábamos un amor nuevo, íntegro para vencer tanta postergación, un amor tembloroso para estrenar en el patio inundado de luz verdadera. Ellos caminaban atravesados por la claridad  sin envejecer,  por el espacio escolar sin límites ni bordes
Preparar un acto escolar tomaba la forma de una pregunta. Arrojaban sus ideas, le ponían su cuerpo a las circunstancias, hacían que sus palabras le entraran al otro generando una respuesta y ni qué decir cuando nuestra profesorita de primerito preparaba a su curso para bailar una danza nativa para el día de la tradición. Ellos al igual que los chicos de la mañana vivían en ese intercambio, potenciaban ese tráfico constante de afectos, broncas, noticias, pareceres, rumores, lo que traía la marea de la escuela y sus alrededores. Abonaban ese espacio común del encuentro.Yen esa matriz fundante del dar y recibir nos percibíamos como otros.Y ese lugar se transformaba en nuestra casa.Y¡ay, mamá, qué feliz que soy!


Vivía en mis bolsillos flacos, en mis libros amados

De parada en parada
de día en día
de año en año
testigo es de mi época de estudiante.
De médano en médano
 de tardes soleadas a noches agobiantes
del traqueteo monocorde a la cena apurada
de la noche siempre corta a la orilla esperada del otro día.
A lo lejos ya el ómnibus aparece y ya solo queda
sacar otro boleto fresco como el viento

y sentarme con los ojos entreabiertos
y abrir otra puerta
la del libro que aúlla, grita y a veces espanta...            

             



martes, 10 de septiembre de 2013

11 de septiembre ¡Ay mis colegas!

He sido con ellos, me he ido metamorfoseando en quien soy, día a día, en el cuerpo a cuerpo, a través de todos estos años, veinticinco para ser precisa. Ellos me han acontecido uno a uno, algunos, lisa, mansamente; otros deslenguados, sin manchas ni sombras, pocos me han dejado sus arrugas, su hondo corazón que sangra, su mirada sin sueños ni utopías, en ciertos ojos oceánicos naufragué sin futuro.
Los incorporé a mi mundo, junto con mis alumnos, secundando al mundo con nuestro mensaje de esperanza, ampliando, transformando y combatiendo por sostener la diferencia entre los jóvenes y nosotros, los que llegamos antes. Por eso las huellas abiertas, las marcas antiguas, las presencias abiertas, los puentes alfombrados entre vereda y vereda.
Más de una vez elegí el silencio antes que la palabra, despojada y en riesgo, sin armadura, para mí condición esencial del caminar junto al otro.
Ha sido constante esta tarea de volver la jaula, pájaro.
Y el anhelo permanente , ay, de no ser Dios y cuidarlos.
Hasta que no estuvieron más a mi lado no había descubierto cuanto habían tallado en mí. Soy a partir de ellos. ¡Qué gente es ésa, que tiene tantas agallas como para contar hasta veinticinco!



jueves, 22 de agosto de 2013

Una escuela sin paredes

Y esa era la tarea, salvarnos
                   porque había tantos mal queridos,
                                                             malcomidos,
                                            sin abrigo
                                                  ni colchón ande echarse,
                            ahicito no más,
                  frente a nuestros ojos,
                                              cruzando las vías que daban a la escuela...

No había olvido posible,
ni trabajo retaceado para juntos,
sin tuyo ni mío,
recogíamos sin ruido
ropa, calzado, alimentos no perecederos, útiles escolares, libros infantiles, colchones
                     y todo lo que guste donar
                                            porque todo sirve...

     Nacía el Roperito Pascoli, lumbrera  de la escuela. Nos movíamos sin demora y soñábamos conque ese día de trabajo comunitario fuese todos los días.
     Los chicos eran el corazón del mundo y la escuela nuestra casa y tampoco hacía falta poner nuestros nombres en el ángulo de un cuadro.
     El Roperito creaba un nuevo suelo  institucional, ponía en acto la necesidad de nuevas capacidades y abría un juego fascinante. No había límites para nuestra imaginación, íbamos de conseguir un colchón para Yolanda a una silla de ruedas para que Luisita pudiera ir a la escuela. Era una construcción dinámica, recreábamos la confianza sin libreto previo. El Roperito intervenía en nuestras vidas sociales y nosotros cuidábamos el río, para que el agua corriera y no se estanque, para que fecunde y no se pudra. Se desplegaban redes de colaboración; emergían espacios comunes y personas que se sumaban a esta indefensión vivida haciendo, al igual que nosotros, de la solidaridad su bandera. Tenía identidad propia, eran sus dueños los de adentro y los de afuera. Apuntábamos a lo concreto: una maratón solidaria en un acto escolar, una jornada de trabajo en un comedor comunitario, o en la villa Papelito, afirmábamos lo relacional, conversábamos con los vecinos, tomábamos la leche con los chicos en las mesas que habíamos llevado, ahondábamos el lazo y el vínculo entre nosotros, todos.     

Hace siete años...
                             

Pan para tod@s...

domingo, 11 de agosto de 2013

Ahora que no estoy en la escuela

"Agua que corriendo vas
Por el camino florido
Dáme razón de mi ser
Mirá que se me ha perdido."
 Copla aracuyana

Quería ser una directora... lo fui, no sé si al modo en que la escuela lo necesitaba, pero siempre desde el entramado social de las diferencias y del que no puede avanzar en José C. Paz y con el dolor cotidiano de escuchar como respuesta de mis chicos: fui al centro, a San Miguel, a mirar celulares. Y mi consabida diatriba de que San Miguel no era el centro de ningún lugar, que ellos le asignaban esa categoría porque cruzaban una avenida, un límite geográfico en definitiva; pero también sabiendo que acá estaban las luces multicolores, las mariposas de papel, ese ensordecedor ruido a fiesta, fiesta, ¡ay, qué linda que está la fiesta, mamá! Entonces haciendo mías las palabras de Drexler, me decía, las fronteras se mueven como banderas, y con ellas las personas y la mirada. Y continuaba en la resistencia, rechinando suavemente los dientes, porque el mundo tampoco lo tiene en cuenta... poco le importa.
Y también por esta cuestión de las utopías que le dicen, que se corren dos pasos adelante cuando avanzás o creés que avanzás dos pasos... y esta búsqueda constante de comprender lo hecho para validar lo dicho y salir del acá siempre lo hicimos así,  por esta comodidad que a veces nos gana , la del pensamiento lineal, digo.Cuestiones que resuenan ahora en mi memoria, ahora que no estoy en la escuela.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Mujer nueva

Una mujer a futuro
                            todavía no existe
                                                     se está reinventando

sin saber cómo están las cosas por dentro
y aún así anhelo como siempre ser nueva, ser otra
y escuchar la voz amada, presente
 que impulsa a la esperanza
y este dolor que todo lo alcanza
y esta inclemencia que
no me afloja
y este cuerpo mío
impenetrable, no acusa recibo,
en esta tarde última y lluviosa de abril...