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lunes, 25 de noviembre de 2013

La mesa del comedor

                                                              No . sin . Ti
Repasaba al mediodía la superficie de la mesa familiar, bajé a los bordes con minuciosidad, en ese momento se me vino encima, aplastándome, la otra mesa pringosa cuyo mantel de hule, gris, manchado, con migas casi siempre o restos de comida si era después del almuerzo. Los bordes del mantel chorreados casi percudidos, me costaban vigorosas friegas con esponja y demás yerbas. Otra vez me devastaron esas mesas inmensas, desoladoras del comedor comunitario. Todas las mañanas desde las ocho me exiliaba allí, en mis hermanos menesterosos.De buen ánimo caminaba hacia el lugar del desconsuelo, a servir el desayuno, después el almuerzo, para ser nosotros sin guión intermedio.Era un lugar privilegiado, samaritana me sentía. Por  un tiempito sentíamos ese lugar como punto de encuentro saliendo cada uno de sus bordes... encontrábamos en el otro al semejante. El almuerzo era lo nuestro experimentando la sensación de que estábamos en casa.            

viernes, 1 de noviembre de 2013

Desde la cama

Este último tiempo he pasado muchas horas acostada. De espaldas, sin música, ni tele, ni radio. El cuarto da a la vereda y ahí me estaba quietecita, sin hablar, sin dormir.Solo rezaba o escuchaba las voces de la calle o el canto taladrante y abrumador de pájaros desconocidos... bocinazos intemperantes, gritos prepotentes, me golpeaban sin tregua las estentóreas propagandas políticas con su : vote la gente de ...boleta n° cada tanto volvían, no había mesa tendida, ni pavos para navidad... todos los hoteles estaban llenos, no había lugar en ninguna parte, en todos los vagones se había instalado el tiempo de la desolación, ni chillaban las muecas en los espejos. Sentíame a la intemperie sin manta ni cobija,  ¡con lo bien que me vendría resfriarme!.Las sombras todopoderosas ganaban el cuarto según el remedio del sol. Empujando km a km a la otra orilla del día, recibía con ternura la llegada de la noche,


 casi lista para dormir...


Comenzar cada día consistía en verificar el estado de la jaula, controlar la puerta y no desalentarse ante la cansadura que se abría como un páramo, sin árbol pa rascarse, ni agua pa solazarse. El llano tibio, liso, sin estridencias ni variaciones. La rutina no era de plastilina ni las horas tampoco, el hermano cuerpo no daba pa más. El llano no aparecía como una trampa, otro día jugaríamos, hoy no. Desoía el trajín callejero... imaginaba esas cartas que nunca me animé a mandar, hilvanaba otras historias de la época del convento y hacía los reclamos tardíos e inútiles a mis hermanas monjas o me dejaba ganar por este silencio que me llevaba a todos los sitios o a ninguna parte. Recordaba sin pisotear, amaba con memoria cada porción de ese pasado y de este siendo, sin decir nada, pero clamando sin aflojar ni permitir que me gane la indiferencia o el desánimo.


Ahora paso más tiempo levantada y me acuesto en turnos rotativos, pero con menos culpa. No sé cómo
será esta nueva etapa aun así digo sí con el corazón dispuesto, manteniéndome unida a todos esos despojados que de pie gritan que se puede hacer mejor este mundo de cielos azules y millares de golondrinas mirándonos cómo trabajamos por la unidad fraterna que todavía no encuentra su nido.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Los dolores están sentados en un banco


Vaya uno a saber desde cuándo
pacientes y socarrones aguardan.

La apertura a todo pulmón 
la hizo el lóbulo derecho
quedó afuera de un solo corte
y por la espalda
de tal dolido modo 
que su lecho arranca en la mitad del pecho 
y se corre para atrás
rodea el torso claudicante
y se estampa en el medio del homóplato.
Hoy la fatiga que escucho yo
las articulaciones que parecen de otro
el hormigueo en los dedos de las manos tumban la casa
las mucosas más que vulnerables
me piden: sentáte a nuestro lado.

Eso hago mientras miro 
deshojarse al ocre y verdinegro tilo
aunque todavía faltan por caer
 en este último y húmedo lunes de abril
algunas hojas casi ruinosas.