Mostrando entradas con la etiqueta escuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escuela. Mostrar todas las entradas
domingo, 30 de marzo de 2014
Tarea inútil
Cuando intento recuperar la imagen total, ésa la de todos los días de la escuela amada, cuando quiero unir, integrar los fragmentos de los saludos tropicales, las conmemoraciones de los homínidos, los alumnitos y los mayores, las estrellas viejas, los robots, la conciencia colectiva de ciertos momentos mágicos, los mediodías calurosos ya desde la formación de bienvenida, los colmillos pidiendo sangre, de las caras cambiadas y mudas, de algunas palabras ya domesticadas sin piedad,de los vestidos ocultos debajo del uniforme reglamentario o el chicle pertinaz, los fósiles indefectiblemente con la misma planificación todos los años del Señor, de los bellos ojos sin responsabilidad alguna, de los sobrevivientes que combatían en lugar de unirse a sus próximos, de los paraísos sin perspectiva, de infinitas piezas cósmicas, desisto por cansancio, me gana la imposibilidad de contemplar este universo lleno de hoyos negros y de hoyos blancos. Coincido, ahora recién lo descubro, con el físico David Bohon, que es pretender ensamblar los trozos de un espejo roto y esperar hallar un reflejo fiel. Pero como soy tozuda, no me acostumbro y persigo infatigablemente esa bandada esquiva que mi memoria no logra atrapar o quizás porque después de tanto tiempo de no conformarme con lo que parece no me resigno a renunciar a esta bandera de un solo corazón, también.
martes, 4 de marzo de 2014
Un primer día de clases de cien años
En el patio descubierto formábamos, de a dos baldosas, casi en penumbras, entre compañeras, todas casi niñas estrenábamos nuestro primer día de colegio, con mis tripitas acalambradas, de tanto tragar saliva, con el viaje en un colectivo fantasmagórico y lleno de polvo y el beso de mamá que me había acompañado a cruzar la ruta 8.
Sin cansancio, dispuesta a conquistar otra ciudad. Así esta escuela da a otra escuela. Nada terminó, solo fluyó hasta hoy, el siglo no desemboca en parte alguna. De los laberintos se sale por arriba, me digo con Marechal, perdida me hallo en estos caminos embrollados. Quizás necesite un mirador luminoso para moler esta piedra y así disolver estas ruinas .Necesito un mar de infinitos confines.
El pecho transido en cada abrazo buscado, sin tiempo ni final...con la pollera gris de sarga tableada, 15 cm. debajo de la rodilla medida con regla, blazer al tono igual que la boina que vivía doblada en el bolsillo, medias de muselina (recién descubiertas por mí), zapatos negros acordonados, camisa blanca, con moñito sin penas azul. Todo comprado en Gatichaves, menos los zapatos y las medias.
Un 28 de febrero de 2014, el día se inundó con el recuerdo transparente de las Hermanas de la Compasión de María de San Miguel. En su colegio mi hermana y yo hicimos, parte de la primaria y secundaria, ella, secundaria, yo. Fuimos segunda promoción de Maestras Normales Nacionales.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Cuarto Mundo sin escuela
Soy del llamado Tercer Mundo, también hay un Cuarto Mundo, los bolsones de pobreza de las grandes ciudades. Somos gente de tercera, comemos menos, vemos menos, vivimos menos, también ocupamos menos espacio en los diarios, no aparecemos en la tele ni en la radio, no abarcamos casi nada...
Escuchamos ilusorias promesas que ignoran nuestra realidad
y como vivimos en una cultura donde Dios es más importante que el hermano, el funeral que el muerto y el plato de comida que la persona, acá nos estamos con esta imperiosa necesidad de transformar esta realidad.
¿Y cómo ha de ser esto, sin escuela?
Nos queda resistir a pie firme,
no sacarnos la foto de frente y de perfil,
recuperar nuestro decir,
escapar a la reducción del consumo
y trabajar para dar abrigo a tantos desnudos
a la intemperie de este mundo.
Creer en lo que hacemos,
no dejar caer a los demás,
estar convencidos de que hay que andar
y calmar esta sed de amor
que nunca es suficiente.
Escuchamos ilusorias promesas que ignoran nuestra realidad
y como vivimos en una cultura donde Dios es más importante que el hermano, el funeral que el muerto y el plato de comida que la persona, acá nos estamos con esta imperiosa necesidad de transformar esta realidad.
¿Y cómo ha de ser esto, sin escuela?
Nos queda resistir a pie firme,
no sacarnos la foto de frente y de perfil,
recuperar nuestro decir,
escapar a la reducción del consumo
y trabajar para dar abrigo a tantos desnudos
a la intemperie de este mundo.
Creer en lo que hacemos,
no dejar caer a los demás,
estar convencidos de que hay que andar
y calmar esta sed de amor
que nunca es suficiente.
Etiquetas:
Autobiografía,
Autobiovida,
edades,
escuela
viernes, 13 de septiembre de 2013
Turno tarde
Los chicos llegaban a las apuradas, con la mañana puesta al hombro, un par de gritos a deshora, algún trabajito tempranero, arrastrando al hermanito que quería jugo y el estómago semivacío porque la mañana era corta para hacer lo necesario y siempre aparecía algo mejor que llegar a tiempo a la escuela. A medio desensillar daban el presente cálido y ruidoso, se demoraban en sus entretenidas conversaciones hasta que asomaba con paso cansino el profesor. Desaparecían las paredes del aula y comenzaban a trabajar, a veces bellos como el día, otras malos como el tiempo, pero siempre como buscando en la oscuridad, ¡tanta vida secreta a la que no podía llegar!...Estaba ahí, disponible, a la espera, solo para tender una mano a tanto olvido, negación y quizás desamor. Necesitábamos un amor nuevo, íntegro para vencer tanta postergación, un amor tembloroso para estrenar en el patio inundado de luz verdadera. Ellos caminaban atravesados por la claridad sin envejecer, por el espacio escolar sin límites ni bordes
Preparar un acto escolar tomaba la forma de una pregunta. Arrojaban sus ideas, le ponían su cuerpo a las circunstancias, hacían que sus palabras le entraran al otro generando una respuesta y ni qué decir cuando nuestra profesorita de primerito preparaba a su curso para bailar una danza nativa para el día de la tradición. Ellos al igual que los chicos de la mañana vivían en ese intercambio, potenciaban ese tráfico constante de afectos, broncas, noticias, pareceres, rumores, lo que traía la marea de la escuela y sus alrededores. Abonaban ese espacio común del encuentro.Yen esa matriz fundante del dar y recibir nos percibíamos como otros.Y ese lugar se transformaba en nuestra casa.Y¡ay, mamá, qué feliz que soy!
Etiquetas:
atando cabos,
Autobiografía,
Autobiovida,
edades,
escuela
martes, 10 de septiembre de 2013
11 de septiembre ¡Ay mis colegas!
He sido con ellos, me he ido metamorfoseando en quien soy, día a día, en el cuerpo a cuerpo, a través de todos estos años, veinticinco para ser precisa. Ellos me han acontecido uno a uno, algunos, lisa, mansamente; otros deslenguados, sin manchas ni sombras, pocos me han dejado sus arrugas, su hondo corazón que sangra, su mirada sin sueños ni utopías, en ciertos ojos oceánicos naufragué sin futuro.
Los incorporé a mi mundo, junto con mis alumnos, secundando al mundo con nuestro mensaje de esperanza, ampliando, transformando y combatiendo por sostener la diferencia entre los jóvenes y nosotros, los que llegamos antes. Por eso las huellas abiertas, las marcas antiguas, las presencias abiertas, los puentes alfombrados entre vereda y vereda.
Más de una vez elegí el silencio antes que la palabra, despojada y en riesgo, sin armadura, para mí condición esencial del caminar junto al otro.
Ha sido constante esta tarea de volver la jaula, pájaro.
Y el anhelo permanente , ay, de no ser Dios y cuidarlos.
Hasta que no estuvieron más a mi lado no había descubierto cuanto habían tallado en mí. Soy a partir de ellos. ¡Qué gente es ésa, que tiene tantas agallas como para contar hasta veinticinco!
Los incorporé a mi mundo, junto con mis alumnos, secundando al mundo con nuestro mensaje de esperanza, ampliando, transformando y combatiendo por sostener la diferencia entre los jóvenes y nosotros, los que llegamos antes. Por eso las huellas abiertas, las marcas antiguas, las presencias abiertas, los puentes alfombrados entre vereda y vereda.
Más de una vez elegí el silencio antes que la palabra, despojada y en riesgo, sin armadura, para mí condición esencial del caminar junto al otro.
Ha sido constante esta tarea de volver la jaula, pájaro.
Y el anhelo permanente , ay, de no ser Dios y cuidarlos.
Hasta que no estuvieron más a mi lado no había descubierto cuanto habían tallado en mí. Soy a partir de ellos. ¡Qué gente es ésa, que tiene tantas agallas como para contar hasta veinticinco!
sábado, 31 de agosto de 2013
La fragmentación que supimos conseguir
En la cartografía escolar aparecen diferentes mundos marcados con distintas fronteras, puentes, redes y un sin fin de perspectivas múltiples y a veces agobiantes.
Algunos argumentos nos dicen que la globalización es sinónimo de progreso
de la humanidad, en una carrera sin límites entre la información, la
tecnología, la cultura sin frontera y el fin de las ideologías. En esta
perspectiva del consumo, la red virtual sólo puede traer felicidad y beneficio
quienes pueden comprar.
La realidad demuestra que la globalización de los mercados financieros,
unida al progreso de las TICs, asegura una movilidad indiscutible: la del
capital. América Latina sufre relegada a un papel donde sólo llega el
asistencialismo, cuando llega, Y el costo de la vida sube y sube el valor de la
vida baja y baja.
Este orden económico se sostiene en el cemento sobre el cual se asienta
toda sociedad: el desempleo estructural. Así se precarizan las relaciones del
empleo formal y enormes colectivos sociales son considerados “pobres”.
“marginados” y “excluidos”. Se han roto los lazos sociales y se da espacio a la
multiplicación de actitudes individualistas asociados a la aparición de una especie
de “darwinismo moral” haciendo culto del triunfados de la lucha de todos contra
todos y de la ausencia de valores como norma de comportamiento humano.
Las dos últimas décadas del siglo XX significaron una ruptura con el
pasado y una ruptura de vínculos entre generaciones. Se propone una forma de
existencia de simples huéspedes en éste nuestro planeta, no de actores
comprometidos con su tiempo y lugar natal.
jueves, 22 de agosto de 2013
Una escuela sin paredes
Y esa era la tarea, salvarnos
porque había tantos mal queridos,
malcomidos,
sin abrigo
ni colchón ande echarse,
ahicito no más,
frente a nuestros ojos,
cruzando las vías que daban a la escuela...
No había olvido posible,
ni trabajo retaceado para juntos,
sin tuyo ni mío,
recogíamos sin ruido
ropa, calzado, alimentos no perecederos, útiles escolares, libros infantiles, colchones
y todo lo que guste donar
porque todo sirve...
Pan para tod@s...
porque había tantos mal queridos,
malcomidos,
sin abrigo
ni colchón ande echarse,
ahicito no más,
frente a nuestros ojos,
cruzando las vías que daban a la escuela...
No había olvido posible,
ni trabajo retaceado para juntos,
sin tuyo ni mío,
recogíamos sin ruido
ropa, calzado, alimentos no perecederos, útiles escolares, libros infantiles, colchones
y todo lo que guste donar
porque todo sirve...
Nacía el Roperito Pascoli, lumbrera de la escuela. Nos movíamos sin demora y soñábamos conque ese día de trabajo comunitario fuese todos los días.
Los chicos eran el corazón del mundo y la escuela nuestra casa y tampoco hacía falta poner nuestros nombres en el ángulo de un cuadro.
El Roperito creaba un nuevo suelo institucional, ponía en acto la necesidad de nuevas capacidades y abría un juego fascinante. No había límites para nuestra imaginación, íbamos de conseguir un colchón para Yolanda a una silla de ruedas para que Luisita pudiera ir a la escuela. Era una construcción dinámica, recreábamos la confianza sin libreto previo. El Roperito intervenía en nuestras vidas sociales y nosotros cuidábamos el río, para que el agua corriera y no se estanque, para que fecunde y no se pudra. Se desplegaban redes de colaboración; emergían espacios comunes y personas que se sumaban a esta indefensión vivida haciendo, al igual que nosotros, de la solidaridad su bandera. Tenía identidad propia, eran sus dueños los de adentro y los de afuera. Apuntábamos a lo concreto: una maratón solidaria en un acto escolar, una jornada de trabajo en un comedor comunitario, o en la villa Papelito, afirmábamos lo relacional, conversábamos con los vecinos, tomábamos la leche con los chicos en las mesas que habíamos llevado, ahondábamos el lazo y el vínculo entre nosotros, todos.
Hace siete años...
Pan para tod@s...
domingo, 11 de agosto de 2013
Ahora que no estoy en la escuela
"Agua que corriendo vas
Por el camino florido
Dáme razón de mi ser
Mirá que se me ha perdido."
Copla aracuyana
Quería ser una directora... lo fui, no sé si al modo en que la escuela lo necesitaba, pero siempre desde el entramado social de las diferencias y del que no puede avanzar en José C. Paz y con el dolor cotidiano de escuchar como respuesta de mis chicos: fui al centro, a San Miguel, a mirar celulares. Y mi consabida diatriba de que San Miguel no era el centro de ningún lugar, que ellos le asignaban esa categoría porque cruzaban una avenida, un límite geográfico en definitiva; pero también sabiendo que acá estaban las luces multicolores, las mariposas de papel, ese ensordecedor ruido a fiesta, fiesta, ¡ay, qué linda que está la fiesta, mamá! Entonces haciendo mías las palabras de Drexler, me decía, las fronteras se mueven como banderas, y con ellas las personas y la mirada. Y continuaba en la resistencia, rechinando suavemente los dientes, porque el mundo tampoco lo tiene en cuenta... poco le importa.
Y también por esta cuestión de las utopías que le dicen, que se corren dos pasos adelante cuando avanzás o creés que avanzás dos pasos... y esta búsqueda constante de comprender lo hecho para validar lo dicho y salir del acá siempre lo hicimos así, por esta comodidad que a veces nos gana , la del pensamiento lineal, digo.Cuestiones que resuenan ahora en mi memoria, ahora que no estoy en la escuela.
Etiquetas:
Autobiografía,
Autobiovida,
comunidad de eternidades Autobiografía,
con-textos,
edades,
escuela,
este límite de solo mirar para adentro,
inter- textos,
Palabras,
resiliencia
domingo, 4 de agosto de 2013
Quería ser una directora
Quería ser una directora a la manera de una ciudadana,
presente en la historia de José C. Paz, comprometida en la formación de la
identidad de nuestros alumnos y colegas. Hacedora, junto con comunidad, de la
construcción de un mundo cultural donde no importara ni el barro o el polvo
cotidiano, sino que pudiéramos salir del libreto pedagógico produciendo una
lente nueva para mirar mejor las relaciones sociales, la cultura del adentro y
la cultura del afuera, para así estar a la altura de las esperanzas de las
familias que mandaban sus hijos a nuestra escuela para pudieran insertarse e
incorporarse en el entramado cultural al que pertenecíamos así lo planificáramos
a través de nuestros proyectos de vida, ya que habíamos pretendido una educación
democrática donde cada uno había sido formado para gobernar y ser gobernado,
para mandar y para obedecer. En definitiva, para ser actores y no simples huéspedes.
Y en esta tarea de aprender a leer el contexto escolar aparecía
una sensación de vulnerabilidad, esa que producen las situaciones inapresables
por el saber pedagógico, los chicos detonando sin razones aparentes, soportando
situaciones de violencia, empujados a los bordes, carne de las adicciones. Toda
esta intemperie enfrentada a la exigencia académica, a la disciplina necesaria
para poder aprender, al seguimiento personal. Se hacía urgente la necesidad de
operar un quiebre, un nuevo suelo institucional. Inventar una práctica no
legible para la gramática institucional que la propia escuela antes había
producido con éxito. Habían cambiado las coordenadas históricas y sociales.
Aparece así el proyecto de Tutoría. Tuvo la potencia política
de una práctica: reconoció la fuerza productora del valor social, experimentó
una variación en los modos de estar en la institución. Se desarrollaron nuevas
capacidades de relacionar y conectar a los alumnos con sus pares y docentes. Se
lograron efectos subjetivos que desencadenó un verdadero movimiento de
pensamiento.
La subjetividad docente estaba más cerca del cartógrafo que
la de un funcionario del estado. Su trabajo era cómo expresar las intensidades
que encontraba en ese nicho escolar y estar más atento a la construcción de
terrenos existenciales que atado a un programa curricular prescriptivo.
Fue un modo de sostener la precariedad de padres, maestros y
chicos, no solo por la escasez de recursos materiales, no solo económico por el
desempleo de los padres o hermanos, sino porque se percibía la fragilidad de la
viada, en los cuerpos, las relaciones y en los afectos. La precariedad
acentuaba esta sensación de miedo, de amenaza, de intemperie, donde ningún
lugar es tu casa.
El primer tutor hacía sociología despojado, sin referencias
previas de autoridad, para atrapar la singularidad de lo que vivía con cada
curso, con cada persona de la escuela. Sensible al ambiente que encontraba, era
su único criterio de partida. Era el profesor “copado” según sus alumnos.
Su compañera de equipo, luchadora contra todas las
desigualdades y capaz de “hacer” equipo, sabía captar la vulnerabilidad de cada
chico, empatizaba. Y esa fragilidad
conectada con la propia la hacía más fuerte.
El último en integrarse, un docente a pura necesidad del
otro, trabajado en una escuela nocturna del bajo Flores, con distintos formatos
de recursos y lenguajes, se integró a esta constelación como si hubiera
pertenecido desde siempre.
El objetivo de trabajo fue el despliegue de la vida en sus
afectos, cuidados y relaciones. El núcleo problemático de esta práctica fue la
tarea de cuidar, no como un tutelaje que somete a los “asistidos”, sino desde
el “cuidarnos”, formando una red desde el lenguaje de la reciprocidad y no del “cuidarnos
de”. Intentábamos practicar un ensayo de ecología social, en esa caja negra que
es cada salón encerrando la vida precaria de nuestros chicos. Se conformaba así
una plataforma de resistencia y reproducción. Los cartógrafos diseñaban otro
mapa en donde transcurría la diversidad y complejidad del comportamiento cotidiano
del Instituto Giovanni Páscoli de José C. Paz. Este futuro posible se veía
amenazado: los tutores podían convertirse en un pequeño grupo; podían ser
absorbidos por la línea de gestión de los profesores reductores e inflexibles
atados a un programa, a una planificación que repetían año a año, al sistema;
la política económica institucional podía hacer abortar el proyecto por falta
de recursos económicos; el agotamiento de su creatividad incansable para
trabajar el quiebre podía desanimarlos; el horizonte achicado por la acentuación
de las tramas de desigualdades y por el contexto social erosionado y permeado
por la cultura de los bordes podía hacerlos sentir impotentes; y no lograr una
articulación con los directivos, una palabra que generara una respuesta, un diálogo
que sea puro dinamismo, podía provocar una falta de apoyo institucional
necesario para el sostenimiento pedagógico del proyecto…
Pero mientras tanto, la escuela amplió sus contornos de
actuación, potenció nuestros territorios existenciales y extendió nuestros márgenes.
La educación no ofrece garantías previas, pero se transforma en la única
oportunidad para tener cabida en una vida más digna y más humana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



