Este último tiempo he pasado muchas horas acostada. De espaldas, sin música, ni tele, ni radio. El cuarto da a la vereda y ahí me estaba quietecita, sin hablar, sin dormir.Solo rezaba o escuchaba las voces de la calle o el canto taladrante y abrumador de pájaros desconocidos... bocinazos intemperantes, gritos prepotentes, me golpeaban sin tregua las estentóreas propagandas políticas con su : vote la gente de ...boleta n° cada tanto volvían, no había mesa tendida, ni pavos para navidad... todos los hoteles estaban llenos, no había lugar en ninguna parte, en todos los vagones se había instalado el tiempo de la desolación, ni chillaban las muecas en los espejos. Sentíame a la intemperie sin manta ni cobija, ¡con lo bien que me vendría resfriarme!.Las sombras todopoderosas ganaban el cuarto según el remedio del sol. Empujando km a km a la otra orilla del día, recibía con ternura la llegada de la noche,
casi lista para dormir...
Comenzar cada día consistía en verificar el estado de la jaula, controlar la puerta y no desalentarse ante la cansadura que se abría como un páramo, sin árbol pa rascarse, ni agua pa solazarse. El llano tibio, liso, sin estridencias ni variaciones. La rutina no era de plastilina ni las horas tampoco, el hermano cuerpo no daba pa más. El llano no aparecía como una trampa, otro día jugaríamos, hoy no. Desoía el trajín callejero... imaginaba esas cartas que nunca me animé a mandar, hilvanaba otras historias de la época del convento y hacía los reclamos tardíos e inútiles a mis hermanas monjas o me dejaba ganar por este silencio que me llevaba a todos los sitios o a ninguna parte. Recordaba sin pisotear, amaba con memoria cada porción de ese pasado y de este siendo, sin decir nada, pero clamando sin aflojar ni permitir que me gane la indiferencia o el desánimo.
Ahora paso más tiempo levantada y me acuesto en turnos rotativos, pero con menos culpa. No sé cómo
será esta nueva etapa aun así digo sí con el corazón dispuesto, manteniéndome unida a todos esos despojados que de pie gritan que se puede hacer mejor este mundo de cielos azules y millares de golondrinas mirándonos cómo trabajamos por la unidad fraterna que todavía no encuentra su nido.
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viernes, 1 de noviembre de 2013
Desde la cama
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domingo, 22 de septiembre de 2013
Cosas dichas
Anónima historia
camino sin movimiento
fragmentos de realidad
y solo el cansancio infinito
pura fatiga sin cambios ni luchas
absorbida ignorada
pulverizada o engarzada
en márgenes difusas
otra no puedo ser
y todavía estoy bajando del cerro
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Contra el miedo de cambiar
Contra el miedo de cambiar,
contra el miedo de ser,
vivo en una cárcel sin rejas,
donde me enfrento contra la rutina del orden
y también con las escasas energías casi ausentes,
donde es más fácil someterse
al rigor de los que están a mi lado
que combatir contra la impotencia de una derrota anticipada.
Sueño con recuperar mi lugar
éste, el lugar de todos,
con el consuelo de develar el mensaje,
éste que todavía me es esquivo,
con el día del triunfo,
que por pequeño que sea, merecerá laureles,
laureles que no coronan la frente de los patriotas,
ni la cabeza de los poetas líricos,
ni de los dioses del Olimpo.
Pero sí sirven para multiplicar el sabor
y la creciente esperanza de la sufrida olla de los hermanos rezagados.
contra el miedo de ser,
vivo en una cárcel sin rejas,
donde me enfrento contra la rutina del orden
y también con las escasas energías casi ausentes,
donde es más fácil someterse
al rigor de los que están a mi lado
que combatir contra la impotencia de una derrota anticipada.
Sueño con recuperar mi lugar
éste, el lugar de todos,
con el consuelo de develar el mensaje,
éste que todavía me es esquivo,
con el día del triunfo,
que por pequeño que sea, merecerá laureles,
laureles que no coronan la frente de los patriotas,
ni la cabeza de los poetas líricos,
ni de los dioses del Olimpo.
Pero sí sirven para multiplicar el sabor
y la creciente esperanza de la sufrida olla de los hermanos rezagados.
domingo, 11 de agosto de 2013
Fragmentos
Un niño pobre retando con el pulgar levantado y muy cerca de su cabeza, al caballo de un carro-cartonero, el matungo aguantaba de pie el sermón dominical con las orejas gachas,
otro niñito enfermo cantaba, mientras le cuidaba la puerta del baño a su mamá,: "soretín, tin,tin /yo te espero/
cuándo vas a salir/yo me quiero ir ",
y cuando atravesaba la puerta de radio terapia con el brazo en alto y la mano en puño y su cabeza desnuda
proclamaba a los vientos de todas las mareas: ¡me voy de acá!, cada uno de los que todavía aguardábamos musitábamos:¡maestro, te seguimos!,
otras tardes confluían ríos de amor y gloria con quienes se despedían, para nunca más volver, eso solo Dios, amor de mi gloria, lo sabría,
una medianoche de un jueves de agosto, al terminar la quimio llega una enfermera de la clínica y me sorprende con un: me va a disculpar, Gladys, pero tiene que aceptar esta bufanda que teje mi mamá.
Así volví a casa como el trigo molido vulnerado agotado trillado con una cálida bufanda con hermosas flores rojas que olían a campanas...
otro niñito enfermo cantaba, mientras le cuidaba la puerta del baño a su mamá,: "soretín, tin,tin /yo te espero/
cuándo vas a salir/yo me quiero ir ",
y cuando atravesaba la puerta de radio terapia con el brazo en alto y la mano en puño y su cabeza desnuda
proclamaba a los vientos de todas las mareas: ¡me voy de acá!, cada uno de los que todavía aguardábamos musitábamos:¡maestro, te seguimos!,
otras tardes confluían ríos de amor y gloria con quienes se despedían, para nunca más volver, eso solo Dios, amor de mi gloria, lo sabría,
una medianoche de un jueves de agosto, al terminar la quimio llega una enfermera de la clínica y me sorprende con un: me va a disculpar, Gladys, pero tiene que aceptar esta bufanda que teje mi mamá.
Así volví a casa como el trigo molido vulnerado agotado trillado con una cálida bufanda con hermosas flores rojas que olían a campanas...
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