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jueves, 22 de agosto de 2013

Una escuela sin paredes

Y esa era la tarea, salvarnos
                   porque había tantos mal queridos,
                                                             malcomidos,
                                            sin abrigo
                                                  ni colchón ande echarse,
                            ahicito no más,
                  frente a nuestros ojos,
                                              cruzando las vías que daban a la escuela...

No había olvido posible,
ni trabajo retaceado para juntos,
sin tuyo ni mío,
recogíamos sin ruido
ropa, calzado, alimentos no perecederos, útiles escolares, libros infantiles, colchones
                     y todo lo que guste donar
                                            porque todo sirve...

     Nacía el Roperito Pascoli, lumbrera  de la escuela. Nos movíamos sin demora y soñábamos conque ese día de trabajo comunitario fuese todos los días.
     Los chicos eran el corazón del mundo y la escuela nuestra casa y tampoco hacía falta poner nuestros nombres en el ángulo de un cuadro.
     El Roperito creaba un nuevo suelo  institucional, ponía en acto la necesidad de nuevas capacidades y abría un juego fascinante. No había límites para nuestra imaginación, íbamos de conseguir un colchón para Yolanda a una silla de ruedas para que Luisita pudiera ir a la escuela. Era una construcción dinámica, recreábamos la confianza sin libreto previo. El Roperito intervenía en nuestras vidas sociales y nosotros cuidábamos el río, para que el agua corriera y no se estanque, para que fecunde y no se pudra. Se desplegaban redes de colaboración; emergían espacios comunes y personas que se sumaban a esta indefensión vivida haciendo, al igual que nosotros, de la solidaridad su bandera. Tenía identidad propia, eran sus dueños los de adentro y los de afuera. Apuntábamos a lo concreto: una maratón solidaria en un acto escolar, una jornada de trabajo en un comedor comunitario, o en la villa Papelito, afirmábamos lo relacional, conversábamos con los vecinos, tomábamos la leche con los chicos en las mesas que habíamos llevado, ahondábamos el lazo y el vínculo entre nosotros, todos.     

Hace siete años...
                             

Pan para tod@s...

lunes, 19 de agosto de 2013

Antes y después

Antes vivía descentrada, época de alternativas y diferencias, de fluctuaciones y grandes flores japonesas,
que a veces de repente se marchitaban, llenándome de incertidumbres y sin lumbre. Buscaba un lenguaje puramente claro,casi instrumental, como si se pudiera decir el mundo en el que cada uno vive.
Hoy vivo en una catarata, una nube, en un viento impredecible, lleno de horas irregulares, personas fracturadas a escalas múltiples, según la deformación genética que la haya azotado...
La magnitud que antes poseía se ha precarizado, pero infinitamente he ganado un doloroso paisaje social
que me permite llorar con mi hermano tan roto como yo...

domingo, 11 de agosto de 2013

Fragmentos

Un niño pobre retando con el pulgar levantado y muy cerca de su cabeza, al caballo de un carro-cartonero, el matungo aguantaba de pie el sermón dominical con las orejas gachas,
otro niñito enfermo cantaba, mientras le cuidaba la puerta del baño a su mamá,: "soretín, tin,tin /yo te espero/
cuándo vas a salir/yo me quiero ir ",
y cuando atravesaba la puerta de radio terapia con el brazo en alto y la mano en puño y su cabeza desnuda
proclamaba a los vientos de todas las mareas: ¡me voy de acá!, cada uno de los que todavía aguardábamos musitábamos:¡maestro, te seguimos!,
otras tardes confluían ríos de amor y gloria con quienes se despedían, para nunca más volver, eso solo Dios, amor de mi gloria, lo sabría,
una medianoche de un jueves de agosto, al terminar la quimio llega una enfermera de la clínica y me sorprende con un: me va a disculpar, Gladys, pero tiene que aceptar esta bufanda que teje mi mamá.
Así volví a casa como el trigo molido vulnerado  agotado  trillado  con una cálida bufanda con hermosas flores rojas que olían a campanas...

Ahora que no estoy en la escuela

"Agua que corriendo vas
Por el camino florido
Dáme razón de mi ser
Mirá que se me ha perdido."
 Copla aracuyana

Quería ser una directora... lo fui, no sé si al modo en que la escuela lo necesitaba, pero siempre desde el entramado social de las diferencias y del que no puede avanzar en José C. Paz y con el dolor cotidiano de escuchar como respuesta de mis chicos: fui al centro, a San Miguel, a mirar celulares. Y mi consabida diatriba de que San Miguel no era el centro de ningún lugar, que ellos le asignaban esa categoría porque cruzaban una avenida, un límite geográfico en definitiva; pero también sabiendo que acá estaban las luces multicolores, las mariposas de papel, ese ensordecedor ruido a fiesta, fiesta, ¡ay, qué linda que está la fiesta, mamá! Entonces haciendo mías las palabras de Drexler, me decía, las fronteras se mueven como banderas, y con ellas las personas y la mirada. Y continuaba en la resistencia, rechinando suavemente los dientes, porque el mundo tampoco lo tiene en cuenta... poco le importa.
Y también por esta cuestión de las utopías que le dicen, que se corren dos pasos adelante cuando avanzás o creés que avanzás dos pasos... y esta búsqueda constante de comprender lo hecho para validar lo dicho y salir del acá siempre lo hicimos así,  por esta comodidad que a veces nos gana , la del pensamiento lineal, digo.Cuestiones que resuenan ahora en mi memoria, ahora que no estoy en la escuela.