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martes, 4 de marzo de 2014

Un primer día de clases de cien años


En el patio descubierto formábamos, de a dos baldosas, casi en penumbras, entre compañeras, todas casi niñas estrenábamos nuestro primer día de colegio, con mis tripitas acalambradas, de tanto tragar saliva, con el viaje en un colectivo fantasmagórico y lleno de polvo y el beso de mamá que me había acompañado a cruzar la ruta 8.
Sin cansancio, dispuesta a conquistar otra ciudad. Así esta escuela da a otra escuela. Nada terminó, solo fluyó hasta hoy, el siglo no desemboca en parte alguna. De los laberintos se sale por arriba, me digo con Marechal, perdida me hallo en estos caminos embrollados. Quizás necesite un mirador luminoso para moler esta piedra y así disolver estas ruinas .Necesito un mar de infinitos confines.
El pecho transido en cada abrazo buscado, sin tiempo ni final...con la pollera gris de sarga tableada, 15 cm. debajo de la rodilla medida con regla, blazer al tono igual que la boina que vivía doblada en el bolsillo, medias de muselina (recién descubiertas por mí), zapatos negros acordonados, camisa blanca, con moñito sin penas azul. Todo comprado en Gatichaves, menos los zapatos y las medias.
Un 28 de febrero de 2014, el día se inundó con el recuerdo transparente de las Hermanas de la Compasión de María de San Miguel. En su colegio mi hermana y yo hicimos, parte de la primaria y secundaria, ella, secundaria, yo. Fuimos segunda promoción de Maestras Normales Nacionales.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Cuarto Mundo sin escuela

Soy del llamado Tercer Mundo, también hay un Cuarto Mundo, los bolsones de pobreza de las grandes ciudades. Somos gente de tercera, comemos menos, vemos menos, vivimos menos, también ocupamos menos espacio en los diarios, no aparecemos en la tele ni en la radio, no abarcamos                                     casi nada...
Escuchamos ilusorias promesas que ignoran nuestra realidad
y como vivimos en una cultura donde Dios es más importante que el hermano, el funeral que el muerto y el plato de comida que la persona, acá nos estamos con esta imperiosa necesidad de transformar esta realidad.

¿Y cómo ha de ser esto, sin escuela?

Nos queda resistir a pie firme,
no sacarnos la foto de frente y de perfil,
recuperar nuestro decir,
escapar a la reducción del consumo
y trabajar para dar abrigo a tantos desnudos
a la intemperie de este mundo.
Creer en lo que hacemos,
no dejar caer a los demás,
estar convencidos de que hay que andar
 y  calmar esta sed de amor
que nunca es suficiente.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Turno tarde


Los chicos llegaban a las apuradas, con la mañana puesta al hombro, un par de gritos a deshora, algún trabajito tempranero, arrastrando al hermanito que quería jugo y el estómago semivacío porque la mañana era corta para hacer lo necesario y siempre aparecía algo mejor que llegar a tiempo a la escuela. A medio desensillar daban el presente cálido y ruidoso, se demoraban en sus entretenidas conversaciones hasta que asomaba con paso cansino el profesor. Desaparecían las paredes del aula y comenzaban a trabajar, a veces bellos como el día, otras malos como el tiempo, pero siempre como buscando en la oscuridad, ¡tanta vida secreta a la que no podía llegar!...Estaba ahí, disponible, a la espera, solo para tender una mano a tanto olvido, negación y quizás desamor. Necesitábamos un amor nuevo, íntegro para vencer tanta postergación, un amor tembloroso para estrenar en el patio inundado de luz verdadera. Ellos caminaban atravesados por la claridad  sin envejecer,  por el espacio escolar sin límites ni bordes
Preparar un acto escolar tomaba la forma de una pregunta. Arrojaban sus ideas, le ponían su cuerpo a las circunstancias, hacían que sus palabras le entraran al otro generando una respuesta y ni qué decir cuando nuestra profesorita de primerito preparaba a su curso para bailar una danza nativa para el día de la tradición. Ellos al igual que los chicos de la mañana vivían en ese intercambio, potenciaban ese tráfico constante de afectos, broncas, noticias, pareceres, rumores, lo que traía la marea de la escuela y sus alrededores. Abonaban ese espacio común del encuentro.Yen esa matriz fundante del dar y recibir nos percibíamos como otros.Y ese lugar se transformaba en nuestra casa.Y¡ay, mamá, qué feliz que soy!


Vivía en mis bolsillos flacos, en mis libros amados

De parada en parada
de día en día
de año en año
testigo es de mi época de estudiante.
De médano en médano
 de tardes soleadas a noches agobiantes
del traqueteo monocorde a la cena apurada
de la noche siempre corta a la orilla esperada del otro día.
A lo lejos ya el ómnibus aparece y ya solo queda
sacar otro boleto fresco como el viento

y sentarme con los ojos entreabiertos
y abrir otra puerta
la del libro que aúlla, grita y a veces espanta...            

             



sábado, 31 de agosto de 2013

La fragmentación que supimos conseguir

En la cartografía escolar aparecen diferentes mundos marcados con distintas fronteras, puentes, redes y un sin fin de perspectivas múltiples y a veces agobiantes.
Algunos argumentos nos dicen que la globalización es sinónimo de progreso de la humanidad, en una carrera sin límites entre la información, la tecnología, la cultura sin frontera y el fin de las ideologías. En esta perspectiva del consumo, la red virtual sólo puede traer felicidad y beneficio quienes pueden comprar.
La realidad demuestra que la globalización de los mercados financieros, unida al progreso de las TICs, asegura una movilidad indiscutible: la del capital. América Latina sufre relegada a un papel donde sólo llega el asistencialismo, cuando llega, Y el costo de la vida sube y sube el valor de la vida baja y baja.
Este orden económico se sostiene en el cemento sobre el cual se asienta toda sociedad: el desempleo estructural. Así se precarizan las relaciones del empleo formal y enormes colectivos sociales son considerados “pobres”. “marginados” y “excluidos”. Se han roto los lazos sociales y se da espacio a la multiplicación de actitudes individualistas asociados a la aparición de una especie de “darwinismo moral” haciendo culto del triunfados de la lucha de todos contra todos y de la ausencia de valores como norma de comportamiento humano.
Las dos últimas décadas del siglo XX significaron una ruptura con el pasado y una ruptura de vínculos entre generaciones. Se propone una forma de existencia de simples huéspedes en éste nuestro planeta, no de actores comprometidos con su tiempo y lugar natal.



domingo, 11 de agosto de 2013

Ahora que no estoy en la escuela

"Agua que corriendo vas
Por el camino florido
Dáme razón de mi ser
Mirá que se me ha perdido."
 Copla aracuyana

Quería ser una directora... lo fui, no sé si al modo en que la escuela lo necesitaba, pero siempre desde el entramado social de las diferencias y del que no puede avanzar en José C. Paz y con el dolor cotidiano de escuchar como respuesta de mis chicos: fui al centro, a San Miguel, a mirar celulares. Y mi consabida diatriba de que San Miguel no era el centro de ningún lugar, que ellos le asignaban esa categoría porque cruzaban una avenida, un límite geográfico en definitiva; pero también sabiendo que acá estaban las luces multicolores, las mariposas de papel, ese ensordecedor ruido a fiesta, fiesta, ¡ay, qué linda que está la fiesta, mamá! Entonces haciendo mías las palabras de Drexler, me decía, las fronteras se mueven como banderas, y con ellas las personas y la mirada. Y continuaba en la resistencia, rechinando suavemente los dientes, porque el mundo tampoco lo tiene en cuenta... poco le importa.
Y también por esta cuestión de las utopías que le dicen, que se corren dos pasos adelante cuando avanzás o creés que avanzás dos pasos... y esta búsqueda constante de comprender lo hecho para validar lo dicho y salir del acá siempre lo hicimos así,  por esta comodidad que a veces nos gana , la del pensamiento lineal, digo.Cuestiones que resuenan ahora en mi memoria, ahora que no estoy en la escuela.

martes, 26 de marzo de 2013

He visto muchas mujeres

a Caloi
He visto muchas mujeres
algunas con un agujero en el pecho,
 justo donde tendrían el corazón
partido por la muerte del hijo amado
y que siguen de pie, ahí derechitas como estacas
tragando amargo
y con los ojos mirando alto...
Otras con un vacío enorme
pero en el vientre
atravesado por
un hombre de frente a ella
sin hablarle, sin abrazarla,
parece a gusto, cómodo tal vez sus manos y sus brazos metidas en el pozo.