Llevo cuatro sesiones de radio terapia en el Italiano, me restan veintiocho. He pasado por cada jornada, estrenando cada una como una página en blanco;
la primera, tenazas para mi estómago
y mareas de retiradas olitas para mis huesos,
a la segunda llegué con un poco más de aire
que se me acabó en la tercera con el paro salvaje de los muchachos de la Fraternidad
que desangró a media humanidad que intentaba volver a casa,
de la cuarta volví, una bolita de papel.
Y acá estoy delante de las restantes...
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