jueves, 22 de mayo de 2014

Semilla, planta, semilla

Y queremos comer un día una buena comida.
Ella está en la clandestinidad del mundo hasta que se una al amado, entonces se habrá roto el extrañamiento del estado de espera. Con su letra de menuda pluma escribes los nombres de todos los que te piden que reces, hermanita ninguneada, por salud, pan, amor, cuidado, abrigo, compañía, alivio, ¡ay, tantas carencias como corazones astillados!, ¡ay tus vecinos, a quienes das sostén, enferma como estás! Así fugitiva como andás salís al encuentro de cada quien, porque no se trata de mí sino de vos y cada día comienzo con mi amén y salgo tras de ti.
Hoy quiero recorrer tus hazañas en mi vida, ya sé que no basta caminar para vivir...entraño los días poblados de otras hermanas, la mesa grande del comedor comunitario acompañada de pechos blancos, firmes, el aleteo aveces enloquecido por tanto canto, gritos ahogados, monsergas antiguas, los montones de preguntas inútiles que nos quitaban el aliento, el cesto perfumado de sol de sábanas y  toallas que doblamos en el recreo después de la cena comentando lo más llamativo de la trabajosa jornada, no hay miedo ni nostalgia, solo pura paz...un mero tiempo de estar con los otros...una olita me alcanza para ahogarme.Nuevamente los recuerdos quiebran el frasco de alabastro de su memoria.