jueves, 1 de mayo de 2014

Un resto

Darlo todo por Amor y ya no tener nada más que dar. Y"que hermoso es todo esto" y "tus palabras son las mías porque comparto tu voz y tu voz acomodándola con la mía se auna y somos una sola voz que aprende cada tarde a implorar al Divino Espíritu".
Cada una dejaba su casa necesitada de las otras mujeres. En esta Pascua de la Resurrección con mayor entrega y fecundidad incendiaban sus oraciones frente a la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II. Una corriente de cooperación, de unidad, de rebaño. Eran una sentadas en círculos alrededor del Resucitado y su Madre, la esclava del Señor como estaca atravesada al pie del madero. La revolución interior, dejar la rutina de todas las tardes para dar ese gran salto por la Esperanza del triunfo.
No suenan monótonas las letanías elevadas al Señor de los Ejércitos, por su Hijo muerto por los demás. Ya todas las mujeres llegaban antes del horario, ya cada una colocaba las intenciones sobre el altar iluminado por las cuales se ofrecían las coronillas de cada martes, ya encendían los candiles, cuatro y no dos, ya entronizaban la Santa Custodia en el epicentro del universo del barrio   lleno de doradas hojas cósmica, ésta es la primera etapa (la preparación) que tiene el matiz del misterio compartido y del que tiene dos túnicas dé una al que no tiene ninguna y qué más. Comenzaba la celebración del sí permanente , por lo más sencillo, por lo más fácil, por el Padre Nuestro, haciendo un lugar en la posada para ellos porque el niño ya casi nacía. Y sacarse estos ojos que no ven, y cambiarse estos oídos que no oyen... Ay, cómo no creer en esto que pasaba frente a sus propias narices. La tarde iluminada inundaba el círculo sin llanto y sin escombros.
                                                                                                viernes 25 de abril de 2013