martes, 8 de abril de 2014

Palmas funerarias

La mujer llegó con palmas funerarias mecidas en sus brazos, "es para el domingo", mumuró entregando el ramo verde, lustroso y joven a la otra de negro toda con las juguetonas llaves en su mano siniestra. "Cómo relucen recién nacidas", comenta la más anciana , débil por tanta años de fatiga. Entraron a la inundada capilla los seis cuerpos murientes. La madera gastada de los bancos se duplicaba en los charcos de agua todavía limpia. Rodearon el sol del altar y en la amarilla custodia,  la mujer oscura clavó al Señor del madero, junto a la palabra de todas las palabras. En el aire había hambre de Dios. Verde, azul, rosado lucen las palmas, detrás, en la oscuridad aguardan.