domingo, 31 de agosto de 2014

Malhaya mi suerte

Cae la tarde sobre mi patio de pasto crecido.
La penumbra arropa al tilo mutilado, al fresno amputado y al pino verde que no preocupaba al bueno de mi vecino.
La brisa un poco más fresca obliga a cerrar las ventanas, a correr las ya desteñidas cortinas.
El silencio se impregna con el olor inolvidable del anochecer de un día domingo.
La casa entera se agazapa para esperar el futuro.
Ay, no puedo clarinear
el mañana será para todos mejor.