martes, 15 de enero de 2013

Chaco, quebrachero y montaraz

Soy chaqueña, toda mi familia es de aquellos pagos. Recuerdo los viajes en tren, la fiesta que eran esos asientos de madera, y las calurosas y polvorientas horas traqueteadas hasta llegar muertos de felicidad...
El sol implacable, la tierra que se levantaba impiadosa, nada empañaba nuestra alegría de abrazar a los abuelos, de besar a las tías, de subir al sulky y rumbear pa las casas llenas de sombras y al cobijo de los frondosos y perfumados celestes paraísos, frente a los campos de algodón... los hombres trabajaban de sol a sol, siempre sedientos, sudorosos, de mangas largas y piel cuarteada, hablaban poco, pero pechaban lindo.
Mi festín personal era leer las revistas de mis tías, en algún rincón del patio de tierra que barría con escobas que hacíamos de poleo y cedrón, pero lo mejor de lo mejor eran las noches, tendíamos las camas en el patio a cielo abierto y conversábamos hasta que el sueño nos ganaba...