lunes, 21 de enero de 2013

Un ladrillo de la casa de Resistencia

En Resistencia yo me encargaba de la limpieza de la amplia y espaciosa casa chorizo de mis abuelos paternos. Mi abuela era modista de alta costura, desplegaba sus telas, tijeras, alfileteros, tizas blancas achatadas de sastre, regla de mercería sobre la mesa rectangular de bordes curvos. Ese era su reino, era su lugar en el mundo de batallas ganadas al presupuesto familiar. Mi abuelo, vasco tambero en el campo espinoso y seco de General Pinedo, sodero en el pueblo, devenido capitalino, se retiró a los cuarteles del terreno del fondo y dedicóse a la lectura y a la apetecible huerta con alto bananero incluido. Era un instante mayor cuando le contaba de mi escuela Normal Superior, de mis obstinados planes de enseñar y más enseñar, inefable destino que ya perfilaba... Mi madrina,tranquila y juiciosa, bordaba hasta los sueños en las jubilosas blusas, en las  perfumadas sábanas y en los insolentes vestidos. Secundaba a su madre temblando con sus mismas preocupaciones. El amor allí era el trabajo y el respeto al apellido, el cielo era sin nubes y el sol salía todos los días y a horario.