domingo, 3 de marzo de 2013

Equipo plural

Cuando vivo en ellos me siento como un cienpiés que le quitaron noventa y seis patas. Me falta la armonía que me brindaba su escucha atenta y su estímulo cotidiano. Cómo extraño la  ceremonia del izamiento de la amada bandera y todos parados detrás de los cursos. Éramos un frontón contra el cual peloteaban cada uno de nuestros chicos y al que no peloteaba lo íbamos a buscar. Continuamente fatigábamos los márgenes, llegábamos hasta las orillas, hasta el sol si el milagro de la marcha lo proponía.Cada uno, un lugar de integración y de observación. Al mismo tiempo. Y esa era la respuesta que daban y esa fuerza los hacía invulnerables. Tampoco eran de goma, la flexibilidad costó sangre y dación de sí mismo. Pero fue posible  porque se amó primero al compañero de preceptoría. Nosotros, el contexto; los chicos, el puro y a veces desgarrador texto.
Estábamos convencidos de que lo esencial son las personas y ahorita, no más diría que también la relación que supimos conseguir. Extraño caminar ese escenario propicio para la duda que nos traía el pan nuestro de cada día.
Y el puente que tendíamos para que haya cruce y una escuela que nos haga mucho, mucho más humanos.