domingo, 30 de marzo de 2014

Postales

Ella viene a tejer mis tardes solitarias y lo llena todo con su desgarbada figura de adolescente, estrella suave, de voz casi blanca que comenta sin filtro cada hora de clase y habemus cada colega!, y tantos chicos por aburrir y tanto corazón por subastar. Tiembla un poco cuando algo le duele hasta las vísceras, se sonrojan sus altiplanas mejillas y el gesto de sus manos parece decir que se levanten hasta los muertos, que se vayan todos,  afuera, afuera, y en esta tarde de lluvia sobre palo verde porque todavía es verano, recupero mi pretérita adolescencia y el goce inefable de dormir la siesta del primer viernes de clases.
Ayer, después de la merienda, apareció mi compañero y con un esfuerzo descomunal intentaba barrer las palabras redondas y cálidas desparramadas por el piso de la cocina, de ésas que no pueden vivir aisladas...ni escoba nueva que barra.