lunes, 24 de marzo de 2014

Tengo sed

El sol del mediodía incendia las abrasadas arenas que circundan el brocal del pozo.Más sequía necesitaba la mujer que avanzaba con lentitud. Casi con sopor la planicie sin fin arde de amor y la mujer con ella. Avanza la enamorada, su corazón tibio repica cuando ve al hombre solitario sentado en el borde del agua milenaria. Quieta espera en el aire amarillo del mediodía. Solo existen ellos dos.Titila su pecho hecho de espera y ternura.Todo se vuelve más presente en este aire fragoroso. Levanta los hombros derrotados de tanto luchar y lo mira a los ojos mientras pensaba, ya somos dos para andar por este desfiladero... Habrá que resistir, se dice y suelta el balde al pozo.